Por: Dante andante
Rafael López Aliaga, alcalde de Lima y militante del Opus Dei pudo amenazar de muerte y no ser juzgado.
Recordemos la decisión del Tribunal Constitucional respecto a las proclamas como «muerte al comunismo, muerte a Cerrón, muerte a Castillo» proferidas por el alcalde Rafael López Aliaga. Y fue esta: «No constituyen la constatación irrefutable de una amenaza cierta e inminente de los derechos a la vida e integridad personal».
El ministro de Educación, Morgan Quero, afirmó que «los derechos humanos son para las personas, no para las ratas», cuando fue consultado por las 50 muertes durante las violentas protestas tras el golpe de Estado contra Pedro Castillo.
Pero en el caso de Antauro Humala la justicia es distinta. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) canceló la inscripción del partido político Alianza Nacional de Trabajadores Agricultores Universitarios Reservistas y Obreros (A.N.T.A.U.R.O.), luego de recibir la notificación de la Corte Suprema de Justicia. La CSJ concluyó que el discurso político de A.N.T.A.U.R.O. es violentista e incentiva el uso de la fuerza como objetivo político, representando una amenaza al orden democrático instaurado.
El tribunal dio así por concluido el proceso iniciado en la vía civil y comunicó su fallo al JNE para que excluya a la agrupación política de las próximas elecciones generales.
CONCLUSIONES: Si eres de derecha tienes licencia para amenazar de muerte, pedir la muerte, desearles la muerte a tus opositores. Incluso festejar la muerte de manifestantes a manos de los asesinos de uniforme.
Pero si pides pena de muerte para los corruptos que desde el estado roban al país, estás chocando con los intereses de la esfera de poder. Se aplica la ley del embudo, el cuello ancho para los dueños de la riqueza y el cuello angosto para quienes los acusan. En el fondo, se persigue el delito de opinión, el mismo que no reconoce la Constitución. Nos oponemos a la sentencia contra Antauro Humala porque con la misma soga seremos ahorcados.